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LA LITURGIA DE LA PALABRA

LA LITURGIA DE LA PALABRA

(Por: Paola de Marroquin)

Preparados espiritualmente y constituidos en comunidad por los ritos iniciales, comenzamos ahora la primera gran parte de la Eucaristía, la primera mesa: la Liturgia de la Palabra. Lo primero que hemos de recordar es que esta parte está íntimamente relacionada con la que vendrá después. Como dice el Vaticano II, «las dos partes de que consta la misa, la liturgia de la palabra y la liturgia eucarística, están tan estrechamente unidas entre sí, que constituyen un único acto de culto» (Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, 56). Nos hallamos ante un encuentro único y progresivo con Cristo resucitado, que se da primero a los suyos como Palabra viva de Dios, para, después, hacerles partícipes de su entrega sacrificial en forma de alimento eucarístico.

Es importante, además, descubrir que, en esta primera parte, Dios no se limita a hablar, para después actuar en la segunda parte. En la Liturgia de la Palabra sucede ya un acontecimiento de salvación, pues Cristo ya está presente y se está dando como alimento salvador, aunque este encuentro llegará a plenitud en la Liturgia Eucarística. Y es que la palabra de Dios siempre es eficaz, Dios siempre hace lo que dice.

Lecturas bíblicas

El Vaticano II había imperado: «A fin de que la mesa de la palabra de Dios se prepare con más abundancia para los fieles, ábranse con mayor amplitud los tesoros bíblicos, de modo que, en un espacio determinado de años, sean leídas al pueblo las partes más importantes de la Sagrada Escritura» (Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, 51).

Cada Domingo se leen tres lecturas que se pueden nombrar así:

1. Profeta (Antiguo Testamento);

2. Apóstol (los escritos del Nuevo Testamento excepto los Evangelios);

3. Evangelio (los cuatro Evangelios).

El orden tiene su importancia los escritos proféticos y los apostólicos nos preparan para oír la palabra directa y definitiva de Jesús, que es la culminación de la revelación.

Cantos interleccionales

Intercalados entre las lecturas, de ahí su nombre, hay dos cantos (o recitaciones) con una peculiar significación.

Salmo responsorial: después de la primera lectura, se canta o recita siempre un «salmo», es decir una de las oraciones contenidas en el Libro de los Salmos, que es la gran colección de las oraciones oficiales del templo de Jerusalén. La elección del salmo depende del contenido de las lecturas.

La finalidad del salmo en la celebración es doble. Por una parte, al ser también un texto inspirado, es como una prolongación, en forma poética, y una profundización del mensaje de la primera lectura. Pero, al ser cantado o recitado por todos, constituye también una respuesta de alabanza a la palabra de Dios que se acaba de escuchar.

Homilía

El Vaticano II ha restaurado uno de los elementos más antiguos de la liturgia de la Palabra: la homilía: Se recomienda encarecidamente la homilía como parte de la misma liturgia…; más aún, no debe omitirse, a no ser por una causa grave, en las misas que se celebran los domingos y fiestas de precepto con asistencia de pueblo (Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, 52). La homilía (cf. Lc 4,16ss; Mc 1,21), era utilizada por los judíos,la comunidad cristiana la incorporó también desde el principio. Su función es la de ayudarnos a llevar a las circunstancias concretas de nuestra vida el mensaje de la palabra de Dios y el mismo misterio que celebramos. Por eso ha de adaptarse a las particulares necesidades de los oyentes.

Profesion de Fe

Para hacer la profesión de fe utilizamos la fórmula llamada Credo, que es una síntesis de las verdades fundamentales de nuestra fe; está compuesta de tres artículos, en los que se resume la identidad y la obra de cada una de las Personas divinas. Desde el siglo V, el Credo que se ha utilizado en la Eucaristía ha sido el llamado Niceno-Constantinopolitano, elaborado y enseñado por los Concilios ecuménicos de la antigüedad cristiana. Actualmente, podemos utilizar también otro Credo más antiguo, el llamado Apostólico, que es el que se ha utilizado siempre en la catequesis y liturgia bautismal, y, por tanto, el que los cristianos sabíamos también de memoria y utilizábamos para la profesión personal de nuestra fe. Los dos comienzan con la palabra creo (no «creemos»), para subrayar el carácter absolutamente personal del acto de fe.

Oración universal

La Liturgia de la Palabra concluye con la oración universal u oración de los fieles, en la que «el pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal, ruega por todos los hombres» (Ordenación General del Misal Romano, 45). De nuevo nos encontramos con un elemento que, aunque estuvo muy presente en los primeros siglos, había desaparecido de la Eucaristía ya desde el siglo VI. Tan sólo se había conservado en la liturgia del Viernes Santo. El Vaticano II ha devuelto esta plegaria a su lugar originario. Porque también esta oración se sitúa como vínculo de las dos partes de la celebración. La palabra de Dios se ha dirigido al pueblo creyente, que es el único capaz de escucharla de momento, pero está destinada a toda la humanidad; y, por eso, nos sentimos como portadores y enviados a transmitirla a todos.

Asi es como podemos analizar brevemente las partes de la Liturgia de la Palabra, si conocemos mas de ella, sabremos como vivir y defender nuestra fe.

 

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